
Tengo la sensación de estar solo. Pero es una falsa impresión, de reojo, veo que tengo mucho público. Hay prisa y he de acabar cuanto antes. Me cubro con el trapo “colorao”, adelanto un pie, y con el hierro en la mano me lanzó a por él, a volapié, mientras oigo el silencio alrededor. El cuchillo se dobla, yo me caigo y el mantel se resbala hacia el suelo. Miro al subalterno que me ha tocado y le digo: “¿Esta es la carne más tierna, camarero?".

6 comentarios:
Si es que no tengo tiempo de escribir... otro para el EÑE.
Acabas de narrar con maestría el colmo de un taurófilo...
Es lo que tiene...
Un abrazo.
A mí la carne me gusta poco hecha.
( Para que quede claro que también un bloguero puede hacer comentarios intelectuales)
A mi me gusta la carne, pero sin segundas, siempre he preferido el pescado
Un saludo
Hay carnes que hay que entrar a matarlas y ni por esas. jajaja
Besos,
jejeje... a veces te dan por ahí cada fielete que es verdad que hay que cortarlo al volapié
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