
Tengo una bolsa llena de fotos. Estampas de vidas distintas que en algunos casos se entrecruzaron con la mía. Son fotos en blanco y negro, algunas en papel grueso, otras arqueadas por el tiempo. El mate y el brillo se pelean en ver quién dibuja mejores trazos de la vida y de los tiempos. Me gusta abrir el plástico dónde están guardadas y pasarlas una y otra vez.
Esa sensación de disfrutar instantes ajenos es lo que me hace pensar que le hemos robado al tiempo su poder, su saber controlarnos a todos sin dejarnos mirar atrás, sin posibilidad de rectificar, permitiéndonos sólo el deseo de añorar lo que no fue y lo que nunca será. Nos regala la esperanza y nos envuelve en la melancolía.
Estos días he visto fotos. Imágenes grabadas en una retina de alguien que no las ve desde el afuera, sino las recibe desde su adentro, las relata y nos las regala.
Leer este libro y no verse es difícil. Leer este libro y no ver imágenes, es estar muy ciego aun viendo. Leer este libro y no alterarse, es estar muy muerto.
¡Cuántas cosas no vemos hasta que alguien nos hace mirar!
Nosotros vivimos y vivimos, eso creemos, hasta que alguien nos golpea por detrás y nos deja solos robándonos una vida que tenemos al lado y quizás no percibimos.
Otras veces no entendemos del destino y nos reímos de él como si fuera lejano hasta que se hace presente, muy presente y nos deja marcados sin entender un futuro quizás, de paraguas rojos.
Estamos ya tan poco despiertos que no soñamos con que un ángel nos visite algún día y nos da igual que sea querubín o marciano.
He leído un libro, un buen libro, donde he dejado que me contaran estampas, cuentos de una tarde de lluvia donde he intentado oír la melodía del alma.
Cuando lo he cerrado, se ha vuelto a abrir por una página y he descubierto unas palabras manuscritas dedicadas, y he sonreído. ¿Cómo que gracias? ¿Gracias de qué? ¿De tenerte a ti como amiga, Alena? No, gracias a ti, por ser mi amiga, y por dejarme ver tus estampas.
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9 comentarios:
No he querido leer ciertos libros en estos meses pasados sin la quietud que se merecen...
Es un gran libro, y yo también me precio de haberlo leido. Me gustó bastante.
Letras que se antojan...que se disfrutan y que deseo tener ya en mis manos.
Un besiño, Odiseo.
Qué grande el libro de Alena, y tu reseña también.
Palabras, cuentos, historias...
No hay mejor manera de llegar al cerebro ajeno, de echarle un vistacillo...
Y hoy, nos ha ofrecido usted, la posibilidad de pasearnos por el suyo y por el de su amiga.
Gran reseña, gran amiga.
Un abrazo.
A ver si a la tercera sale mi comentario...grrrr...
Encima de lo emocioná y transpuesta que me ha dejau usted, va y no sale, y no puedo decirlo...
Snif.
Gracias hijo.
Las fotografías de la vida son momentos sublimes detenidos en el tiempo. Pura magia...
La presentación que haces de este libro solo tiene una lectura: poderosamente interesante.
Gracias por la reseña.
Abrazos.
Me has abierto el apetito
Un saludo
Está muy bien esta entrada, tiene todo el corazón latiendo y disfrutando.
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